La Odisea del Eyjafjalla. Crónicas Volcánicas. Episodio III.
Terminé el relato del viernes diciendo que me iba a la cama a eso de las doce, y la verdad es que lo puse así a conciencia. Me fuí a la cama no es lo mismo que me fuí a dormir. Los que me conocen saben que yo no me duermo, me desmayo según entra el segundo pie en la cama. Pues el viernes estaba dándole tantas vueltas a la cabeza con lo que me esperaba el sábado que no me pude dormir hasta pasada la una de la mañana. Para colmo, antes de las seis de la mañana ya estaba despierto, así que comprobé que el hotel tenía abierto el buffet del desayuno, me duché y me baje a desayunar. Lo de ese desayuno merecería capítulo aparte. Nunca, en toda mi vida, había desayunado tanto como el sábado. Entre el cabreo que tenía con el hotel (que me llevó a asegurarme que con lo que me cobraban por el desayuno no iban a ganar un duro) y que tenía en mi cabeza que esa podía ser la última comida digna de tal nombre en bastante tiempo, me puse de comer como si fuera dos o tres personas. Voy a resumirlo...